DEL BIBERÓN AL VASO.
Entre un año y 18 meses los bebés son capaces de tomar líquidos en vaso. Eso no quiere decir que, de pronto, dejen de usar el biberón. Es necesario, como en todo proceso de crecimiento, que les ayudemos y vayamos, paso a paso, afianzando su desarrollo.
Tanto si se ha usado solo como si se ha compartido con la lactancia materna, el biberón es siempre algo más que una forma de alimentación para cualquier bebé.
Precisamente por eso, para ayudarles en ese largo camino que es crecer y hacerles más fácil conseguir poco a poco la autonomía necesaria para su independencia, es imprescindible que a los tres años no se utilice en ningún caso el biberón.
Ni para comer, ni para consolarse, y, cuidado ¡tampoco como premio!
Claro que, a poco que nos lo propongamos, encontraremos motivos para no dejar de usar el biberón:
- ¡A nuestro bebé le gusta tanto!
- Es una forma bastante cómoda de parar un berrinche.
- Beber en un vaso es aún difícil, se mancha toda la ropa.
- Es poco comilón, así nos aseguramos al menos la toma…
Y aún podemos encontrar muchos más. Claro, no todos los motivos son “confesables”…
Pero las razones para dejarlo son aún más poderosas:
- Puede deformar el paladar o los dientes, con lo que se dificulta el habla(y hasta la futura alimentación)
- Puede favorecer la caries (por los azúcares de algunos líquidos, si el biberón no se usa solo para las horas de las comidas)
- Esas consecuencias repercuten en el habla.
- Algunas investigaciones relacionan el uso prolongado del biberón con infecciones de oído.
- Los movimientos necesarios para beber en vaso mejoran la coordinación psicomotriz del bebé.
- La deglución, los labios y la lengua mejoran su movilidad, lo que repercute en el habla.
- Y, por supuesto, dejar de usar el biberón es otro paso importante hacia la independencia.
MARÍA ARNEDO. AULA DE AUDICIÓN Y LENGUAJE
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